Actualmente se enseña sexualidad en las escuelas bajo el título de “educación afectivo-sexual”. Un título curioso donde los haya, porqué no existe nada similar respecto a otros aspectos de la vida. Por ejemplo: No se incluye en el programa una asignatura dedicada a los aspectos “afectivo-deportivos”, “afectivo-éticos”, “afectivo-históricos” o “afectivo-gastronómicos”.
El título de la asignatura nos da pistas sobre su contenido. A uno le da la impresión que se pretende formar a los alumnos en el arte de esperar muchísimo del sexo, muchísimo más de lo que este puede dar.
Esta manía de ligar erotismo y sentimientos de apego – porqué sentimientos hay de muchos tipos y ninguna actividad humana se ve libre de ellos – es una forma de promocionar una concepción ya superada. Superada por la tecnología reproductiva.
Antiguamente era muy importante crear lazos afectivos de apego entre dos personas de sexos diferentes porqué de su intercambio erótico podía nacer un niño. Y, como viene sucediendo hasta nuestros días, los niños son responsabilidad de los progenitores. Era pues una buena idea que sintieran cierto aprecio el uno por la otra. Bueno, en realidad se buscaba aprecio por parte de los hombres y sumisión dependiente por parte de las mujeres. Era una concepción sexista y androcéntrica, no debemos olvidalro.
Una vez desvinculado el erotismo de la reproducción, continuar insistiendo en esto es algo tan estúpido como reivindicar el mantenimiento de los lazos afectivos surgidos tras compartir un buen entrecot o una buena caldereta de pescado. El amor y el apego pueden surgir tras un intercambio erótico – yo diría tras varios-, como también puede surgir tras una buena conversación o por el contacto día a día.
Los adolescentes empiezan a tener sus primeros intercambios eróticos pensando en que necesariamente deben llevarlos a una relación amorosa. Bueno, aquí debería puntualizar: Las adolescentes son quienes confían en esto, los adolescentes buscan simplemente añadir muescas a su cinturón.
Educar a todos en esta concepción del erotismo a todos los adolescentes ya sería un grabe error y una fuente de frustración. Pero hacerlo, como se hace de forma diferente en función del género, es una monstruosidad. A los varones se les enseña a cambiar afecto por erotismo y las mujeres a cambiar erotismo por afecto. El resultado no puede ser otro que el desastre. Al final, con este programa educativo sólo se consigue mantener una relación de poder donde las mujeres salen siempre perdiendo.
Sería mucho más sencillo explicar a las nuevas generaciones que el Erotismo no da para más y que si quieren buscar apego deben explorar otras vías. Efectivamente el Erotismo no da para más, pero da para mucho. Se pueden pasar momentos maravillosos y se puede disfrutar en gran medida, como lo hacemos cuando degustamos un plato excelente. También se pueden tener malas experiencias, al igual que en la cocina.
Pero las experiencias eróticas, agradables o desagradables, no pueden condicionar nuestra vida. No podemos educar a los chicos en la búsqueda de una especie de Santo Grial y luego exclamarnos porque se frustran. Si les decimos que la primera experiencia erótica – táctil, porqué visual y auditiva ya la habrán tenido antes – será algo maravilloso que les llevará a establecer una relación indestructible para toda la vida, estamos poniendo las bases de una neurosis.
Por mucho que se empeñe el sistema educativo en conseguir que los adolescentes busque relaciones afectivo-sexuales, la realidad se impone tarde o temprano. Las relaciones eróticas son tan afectivas como lo son las gastronómicas, las laborales o las terapéuticas. La afectividad hacia una persona puede convertirse en amor – o no – pero no depende para nada de que haya nacido de una relación erótica. Esto, no sólo no se explica, sino que se da el argumento contrario. Un argumento que los medios de comunicación amplían y refuerzan continuamente.
Si un día una adolescente nos manifestara su frustración porqué una cena no se ha convertido en una relación amorosa, sin duda lo intentaríamos convencer de su error. Y no nos pasaría por la cabeza culpar a la otra persona de este problema. Sin embargo, cuando se trata de relaciones eróticas, además compadecernos de la persona la incitamos a despreciar a la otra y buscar el “verdadero amor”, a través de ser mucho más restrictiva. Así reforzamos la concepción mágica del erotismo y ponemos las bases de una frustración aun mayor.
No son las ganas de experimentar los adolescentes ni las consecuencias de la revolución sexual, el aumento de experiencias frustrantes entre los miembros de este colectivo, y de otros. Son los residuos de la antigua concepción de la sexualidad y su utilización puramente comercial los que están generando el nuevo “malestar erótico”.
domingo, 20 de mayo de 2007
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