Cocinar para uno mismo es algo muy normal. Quien más quien menos – bueno, menos algunos ejemplares de Homo Atapuerquis – se ha visto en el trance de hacerse la comida. Aunque sólo sea un bocata. Es algo normal y nadie lo considera un peligro. Tampoco nadie pondría el grito en el cielo si un Centro de ocio para jóvenes diera lecciones sobre cómo hacerse unos bocatas o un caldito.
Sin embargo cuando un ente público como la Junta de Extremadura organiza una serie de talleres para enseñar a los adolescentes las virtudes de la autoexploración, se arma el escándalo.
Y es que la carcundia de este país está aún muy activa.
Estas cosas no pueden enseñarse, deben ser descubiertas a trompicones, en la clandestinidad y bajo amenaza de terribles castigos. Sobre todo las chicas. Porque los hombres, ya se sabe, son como monos y esto lo llevan en los genes. Pero las adolescentes, criaturas inocentes e inmaculadas…. ¿Cómo se atreven a enseñarles el vicio y la perversión? ¡Habrase visto! Y luego ¿Cómo las casamos? Porque van a saber más que su novio. Y eso, señores, no puede ser. Porque una mujer sabionda no gusta a un hombre de verdad. Vamos, una hecatombe.
Este debe ser, más o menos, el chorro de ocurrencias que debe circular por más de una presentadora de Intereconomía. Pues a mí me parece muy bien, aunque sólo sea por dar una mínima orientación a unos chavales cuya educación sexual se reduce a foros de internet y páginas porno. Vivimos en la sociedad del conocimiento, pero en ciertos ámbitos promocionamos la más absoluta ignorancia. Los niños se hacen adultos, de esta ley natural no se escapa nadie, mejor que hagan el camino con algo de iluminación y no a oscuras como hasta ahora.
miércoles, 11 de noviembre de 2009
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