martes, 2 de marzo de 2010

El golfista golfo

De acto inquisitorial se puede calificar lo acaecido estos días con el señor Tiger Woods. Uno puede tener su opinión sobre si faltar al pacto tácito de exclusividad sexual es o no reprobable pero me parece indigno someter a una persona a escarnio público por una falta privada, íntima diría yo, que sólo atañe a él y a su esposa.


Pero la sociedad americana de este principio de siglo XXI parece empeñada en volver al siglo XIX. Y lo hace sin pudor, imponiendo su moral puritana, pacata e hipócrita.

Si entonces eran los poderes públicos quienes se hacían cargo de imponer un orden sexual. Ahora parecen haber tomado el relevo los poderes económicos. El señor Woods ha sido presionado por sus patrocinadores quienes se colocan como jueces que sentencian y ejecutan sin derecho a legítima defensa. Han organizado un espectáculo digno de la más cruel purga estalinista o del auto de fe más deleznable. Sin sangre y sin fuego real, porque virtual lo ha habido y mucho.

Pero los patrocinadores que han presionado a este hombre, además de puritanos son hipócritas ¿Serían capaces de salir en la televisión y jurar delante de sus conciudadanos que sus directivos jamás han acudido a la prostitución? ¿Sería igualmente capaces de asegurar que nunca, pero nuca, han usado la prostitución para agasajar a sus mayores clientes?

Tal como dice el Evangelio: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Y estos, libres de pecado me temo que no lo están.



NOTA: Aquellos interesados en saber hasta qué punto el puritanismo hipócrita domina la vida de los ciudadanos estadounidenses pueden visitar la página del Dr Marty Klein (http://www.sexed.org/). Es en inglés, lo advierto.

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