Un Erodietólogo - profesión inexistente pero muy necesaria - calificaría nuestra erodieta como disociada y monótona. Si bien ha habido una cierta liberación del gusto desde los años sesenta, esta no se ha concretado en un aumento significativo de la diversidad, al menos desde un punto de vista práctico.
Tras la caída del modelo reproductor, según el cual sólo era lícito el intercambio erótico para tener hijos, se nos ha abierto un universo de posibilidades. Sin embargo continuamos centrados en poner el coito como único objetivo, convirtiendo así un medio para lograr el placer en un fin en si mismo.
Las otras prácticas, o bien sirven para preparar la penetración o son consideradas como rarezas. Si visionamos una película erótica para "entrar en calor" es algo bueno, pero si nuestro objetivo es simplemente contemplar, entonces somos algo extraños. Lo mismo ocurre con el erotismo oral o digital, si sirve para lograr una buena erección o una buena lubrificación, entonces está bien, pero si lo disfrutamos per se, tenemos "relaciones sexuales incompletas".
Somos como esos niños que sólo quieren comer pasta o hamburguesas. Evidentemente no vamos a sufrir las mismas consecuencias que ellos, porqué no va a afectar a nuestra salud física. Pero si padeceremos importantes efectos sobre nuestra salud erótica. Esta manía por reducirlo todo a una sola práctica limita nuestra imaginación y fantasía. No es de extrañar que se den cada vez más casos de disfunciones relacionadas con el aburrimiento, si siempre comiéramos caviar terminaríamos por odiarlo mucho antes de que nos produjera problemas físicos.
sábado, 7 de abril de 2007
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