
La obsesión heterosexual por la cópula es algo sorprendente desde la visión lúdica de la Erotismo. Es como si una determinada cultura culinaria incluyera siempre en sus platos la carne de ternera. Todos la miraríamos con extrañeza y sería criticada por monótona e insaludable.
Basta con ver las escenas eróticas de las películas, todas son iguales. Tras un leve forcejeo con la ropa, uno de los dos (normalmente el varón) se abalanza sobre el otro para introducir o dejarse introducir la cosilla. Para finalizar unos breves espasmos algún gemido y un grito más o menos sonoro. Con estos ejemplos no es de extrañar que se haya instalado en nuestra sociedad la manía por la penetración.
Este comportamiento no pasaría de pura anécdota sino fuera por el malestar que genera. Muchas personas intentan imitar el modelo y lo colocan como objetivo de cada encuentro erótico. Hasta el punto de no considerar sexo a los intercambios eróticos donde no está presente.
Muchas personas creen tener problemas por llegar al orgasmo demasiado pronto, por llegar demasiado tarde o simplemente por no llegar. Personas que, por otro lado, disfrutan con normalidad de una felación o de un cunilingus. Pero ellas, empeñados en cumplir con el estándar sienten afectada su masculinidad o su feminidad.
Sin embargo gays y lesbianas tienen una Erotismo diferente. Contra la opinión general, la penetración (en el caso de las lesbianas obviamente con un dildo) no es la técnica dominante. Prefieren otras cosas, más variedad y más experimentación. Tienen, en general, una sexualidad más rica.
Los heteros deberíamos aprender de ellos y dejar de obsesionarnos por el mete- saca. Disfrutaremos mucho si colocamos la cópula en su lugar. Sin dejar de practicarla, por supuesto, pero dándole una importancia similar a las otras técnicas.
Muchas parejas encontrarían una nueva vía para enriquecer su vida íntima si siguieran este consejo. Introducir variedad no consiste en probar las diferentes posturas del Kamasutra, sino incorporar técnicas diferentes e incluso crear nuevas.
No existe ninguna ley de la Naturaleza por la cual debemos copular en cada encuentro erótico. Es una pauta cultural residuo de nuestro anterior paradigma según el cual toda relación erótica debe tener como objetivo único la reproducción. Por lo tanto toda práctica no reproductiva era considerada como una perversión.
Pero esos tiempos pasaron ya a la Historia. Aunque queda mucho trabajo por hacer, tanto el sexo oral como el manual han perdido su descrédito y están al alcance de todos. Hemos pasado, por así decirlo, de una dieta monotemática a una de variada. Somos como el cliente que llega a un bufete libre, tenemos delante de nosotros varios platos, todos nuevos, sería una lástima elegir el de toda la vida.

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